MATEO 5: 1-12
Es imposible leer el capítulo 5 de Mateo y pretender hacer solo una reflexión. El sermón del monte es el momento en el que Jesús despacha desafiantes principios a sus discípulos, estableciendo una suerte de valores o código ético del Reino. Es desafiante para mí, en el sentido que invierte los valores de la época y también los de mi tiempo. Pone en alto – por ejemplo- la pobreza de la que tanto escapamos y aun renegamos, el dolor que en nuestra sociedad hedonista es cada vez más rechazado, etc.
Quiero detenerme en el versículo que de entrada llamo mi atención, el versículo tres de la versión que uso dice así:
“Dios bendice a los que son pobres en espíritu y se dan cuenta de la necesidad que tienen de él, porque el reino del cielo les pertenece”
Me inquieta el hecho que el solo reconocimiento de nuestra pobreza espiritual como seres humanos no es una virtud, sino el “darnos cuenta de la necesidad que tenemos de él” – usando las misma palabras del versículo- , es en este darnos cuenta donde radica la virtud que Jesús reconoce y que según sus palabras nos hace dueños del reino del cielo.
UN PRINCIPIO
Soy pobre de espíritu y debo darme cuenta siempre que necesito de él.
UNA ORACIÓN
Señor soy un pobre de espíritu, dependo de ti. Ayúdame a siempre reconocer la necesidad que tengo de tu presencia en mí.

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